Tratamientos de fertilidad pueden dañar a la intimidad

La infertilidad no es un tema feliz. Cuando la sexualidad se limita a la procreación, los problemas no se hacen esperar, y la pareja pasa de la culpabilidad a la apatía sentimental, y cuando se busca el auxilio de la ciencia, la situación puede volverse muy complicada.

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El diagnóstico de un problema de fertilidad ya es un golpe duro para a pareja. La mujer sufre una espacie de luto, y el hombre se cuestiona su virilidad. El resultado: un alejamiento que se traduce en menos relaciones, y que se incrementan cuando interviene algún especialista indicando la necesidad a aprovechar las fechas clave, lo que vuelve mecánica la magia que rescata a las parejas en periodos de crisis: la intimidad.

La presión social no es un componente menor: cuando la pareja revela a sus conocidos que se está por someter a un tratamiento, los interrogatorios sobre los resultados no se hacen esperar. Incluso la vida laboral se ve afectada, pues algunos tratamientos de fertilidad requieren de días de reposo.

Algunos tratamientos, además, producen efectos secundarios que se pueden resumir en una falta de apetito sexual e incluso en cuadros similares a la menopausia.

Ante estas amenazas a la vida conyugal, la pareja que busca un hijo con ayuda profesional debe solicitar asesoría psicológica y estrechar sus lazos. Conviene saber que, a pesar los problemas, las parejas que atraviesan por este proceso, lejos de separarse, salen fortalecidas.

Fuente | El Tiempo

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