La hipersensibilidad: un don y un desafío

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Con frecuencia, un susceptible es también una persona hipersensible (y vicerversa). La persona hipersensible se caracteriza por tener alto nivel de intuición, empatía, rectitud, creatividad, amor a la soledad y la introspección, fuerte sintonía emocional consigo mismo y con los demás, tendencia a la timidez y a la inhibición en la vida social, una gran capacidad de captar la belleza; también baja tolerancia a olores desagradables y luces estridentes, ruido, desorganización y desorden, elevada sensibilidad al cambio y algunas veces tendencia al insomnio, ansiedad y depresión; habilidad para concentrarse profundamente, percepción de lo sutil; capacidades predictivas y por último dificultad para pensar, hablar o actuar mientras se siente observado.

En realidad, ser hipersensibles es un desafío y un don al mismo tiempo, ya que, por un lado, en la sociedad agresiva en la que vivimos la persona sensible lo tiene crudo. Pero, por otro, todos necesitamos ternura, cariño y sentimientos, y si tenemos en nuestro entorno a una persona sensible, sin duda podremos beneficiarnos de estas cualidades.

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«Debido a su capacidad para captar matices y sutilezas que a los demás pasan inadvertidas, los hipersensibles a menudo aportan a su trabajo y relaciones una buena dosis de visión y humanidad» afirma el psicólogo clínico Javier de las Heras. Normalmente son conscientes, creativos, hasta el punto de considerarse «demasiado». Son personas que tienden a tener reacciones emocionales muy intensas, sobre todo ante cuestiones de tipo afectivo.

Generalmente reaccionan inmediatamente con los sentimientos, y después racionalizan lo que ha sucedido; o sea primero va el corazón y luego la cabeza. En ocasiones se llevan a disgustos innecesarios por su falta de análisis y por las reacciones emocionales excesivamente intensas.