¿Qué es el fetichismo? (I)

fetichismoEl plano erótico, se trata de un objeto inanimado o de una parte del ser amado que se necesita para alcanzar el goce sexual, te damos algunos ejemplos.

CASO DE UNA PACIENTE

«Hola, soy Irma, me gustaría hacer una pregunta. Mi pareja es fetichista, le gustan los pies femeninos. En un principio esto nos trajo problemas. Yo no supe entender ni él explicar, eso llevó a que lo ocultara como si no pasara nada. Pero cinco años después todo se desbordó y tuvimos una crisis con separación incluida.Lo bueno es que, pese a todo, nos acercamos más y gozamos tes dos sexualmente. Dice que ahora puede expresarse libremente conmigo, ya no precisa mirar los pies de otras mujeres. Necesitaría que me guiaran porque estoy «celosa, sé que no soportaría verte obsesionarse y excitarse con otros pies entre tes que andan por ahí. ¿Es algo de homosexuales?, ¿será un buen padre?¿Podrían ayudarme?, ¿qué se puede hacer para atenuar el fetichismo?

RESPUESTA DEL DOCTOR

No habría que confundir el fetichismo con la homosexualidad. Que alguien sea fetichista no es indicativo de que no pueda tener una familia, de hecho, muchos son esposos y padres dedicados. Recordemos que para Freud la preferencia fetichista por un pie se deriva de la sexualidad infantil: el pie o los dedos reemplazarían al pene que la mujer no posee.

La necesidad imperiosa de ver los genitales de la madre, quedó detenida en su camino por un mecanismo represivo, por eso se retiene como fetiche al pie, al zapato o la bombacha. En este proceso, los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo con las expectativas del niño, como iguales a los que él posee. Aquí Freud hace intervenir la angustia de castración del varón, temática bastante compleja dentro del psicoanálisis, pero que, resumiéndola de una manera simple, nos dice que el objeto elegido como fetiche (pie, dedo, mano) es un sustituto del pene (falo) de la madre en el que el varonáto ha creído y al que no quiere renunciar, ya que si la mujer -su madre- está castrada, su propia posesión del pene corre peligro. De esta manera, recuperando una y otra vez el fetiche, el fetichista niega su ansiedad de castración.