Quiero una vida mejor (I)

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Desde que nacemos, comenzamos a explorar el mundo y a descubrirlo con todos nuestros sentidos. Los adultos de nuestro entorno nos enseñan cómo manejarnos, nos explican qué es mejor, e incluso nosotros mismos vamos descubriendo de qué trata el subsistir en este espacio que nos tocó al azar. Vamos interpretando lo que sucede a nuestro alrededor y forjando un modo de pensar, de relacionarnos, de tomar decisiones y de resolver altercados. Pasada la adolescencia, creemos que «ya sabemos de qué se trata», entonces no queda nada más por aprender. Sin embargo, nuestros criterios no siempre funcionan: seguimos teniendo problemas que no podemos solucionar, nos inquietamos y no sabemos cómo actuar. ¡Es tiempo de cambiar los estereotipos adquiridos y de darle un sano giro a nuestro modo de pensar!

Los preconceptos que conforman lo que cada uno considera el «sentido común» no son más que ideas que incorporamos como ciertas, pero que, de no dar buenos resultados, pueden mutar sin mayores inconvenientes. En ciertos momentos de crisis, es muy importante cuestionar nuestro pensamiento, ponerlo a prueba, dejarlo patas arriba y darnos la chance de, al menos por un rato, probar otros modos de ver el mundo. Arriesgarnos a adoptar una nueva óptica de la realidad nos permitirá ver todo aquello que la rutina y los prejuicios tornan borroso.

Pensar diferente

El asesor creativo norteamericano Nigel May Barlow aconseja, en su libro Re-think (‘repensar’), volver a pensar las cosas que creemos certeras. No se trata de un repaso de nuestros esquemas, sino de un planteo más profundo, donde la creatividad sea parte central del proceso. Nos propone desterrar las fórmulas aprendidas, y darle espacio a un pensamiento más fresco y original, aplicando nuevas formas de ver y entender la vida. Lo primero que debemos sentir es la necesidad de cambiar, de mejorar nuestras vidas. Si adquirimos ciertos esquemas de pensamiento y los repetimos constantemente (porque alguna vez funcionaron), es probable que nos acostumbremos a este modo de pensar y ya no podamos salir de ese círculo. Ser humildes, abiertos y receptivos nos permite ser más permeables a la hora de adquirir nuevos enfoques, estructuras de pensamiento y actitudes frente a los problemas.

¿Te imaginas poder recuperar la frescura mental de cuando eras un niño? ¡Esa es la propuesta! Ser un poco más osados, más alocados, volver atener esa actitud activa del principiante que busca aprender y crecer en el mundo.

Reconócete

Aplicar prácticamente un nuevo modo de pensar no es algo que lograremos de un segundo para el otro, pero sí existen muchas formas de comenzar esta feliz tarea. En principio, es bueno posicionarnos desde otro ángulo ante nuestros problemas, mirar las cosas como si fueran de otro, como un turista en nuestra propic ciudad. Valorar lo que nos puedan aportar nuestros hijos (que por ser jóvenes dejan de tener un modo válido de concebir la realidad) o algunas personas que no conocemos tanto o que no so parte de nuestro círculo; escuchar todo y a todos es la clave. Otra buena forma de arrancar es leer artículos y diarios que no leerías con frecuencia: proba con una revista de botánica, de arquitectura, o algo que no tenga que ver con el entorno en el que te mueves con mayor comodidad. Y no te encierres en tus viejos hábitos: saborea nuevas comidas, escucha música diferente, alimenta tu curiosidad, dale un mordisquito a cada parte de la vida.