La fantasía de ser más de dos (III)

trio3LUEGO DE CONCRETAR ESTAS FANTASÍAS Y/O HECHOS SEXUALES, VOLVER A ESTAR DE A DOS, ¿NO SERÁ UN ABURRIMIENTO?

En las consultas efectuadas, la gente nos confiesa su estado de confusión, cambio, repulsión, dolor, satisfacción. Algo pasó que cambió todo. A veces los celos retrospectivos enrarecen la pareja. Quien tiene personalidad más insegura puede creer que su pareja todavía frecuenta a la persona en discordia, cuando la aceptaron por breve plazo en su intimidad. En algunas parejas estables, suele ser la mujer la que, aunque creía que no podía amar a nadie más que a su marido, descubrió que eso no era así. Y ya no quiere compartir de a tres, sino tener la exdusividad del nuevo vínculo.

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE QUE EL TRIO DEVENGA DÚO CON EL NUEVO INTEGRANTE?

Un marido que preparó la trama triangular para divertirse y divertir a su mujer se sintió excluido del contrato. Fue un desvío del programa que se arrepintió de haber iniciado. No consideró que la imaginación femenina es imprevisible, aunque los hábitos de las mujeres puedan parecer disciplinados y conformistas.

¿APRENDE EL HOMBRE A NO SENTIR CELOS?

Algunos hombres reniegan de una sociedad que los somete tanto a ellos como a las mujeres con valores de posesividad que no conducen necesariamente a ser felices. Son los que saben que nadie es dueño de los sentimientos ni del ser más querido e íntimo. Los que sufren son los machistas que compiten para vencer con sus habilidades sexuales en la cama enfrentándose al otro varón. Ya en diferido preguntan mil veces a su pareja, como la bruja de Blancanieves al espejito mágico, quién es el más lindo. Y no obtienen respuesta satisfactoria.

¿CÓMO PUEDE SENTIRSE EL TERCERO CON ESTE JUEGO?

Tal vez el juego de a tres sea su conducta preferida. O si se enamoró sinceramente, es probable que su nuevo amor atraviese las vicisitudes de cualquier pasión: la posesividad de los casados, los celos de los excluidos y el deseo intenso de la presentía de la otra persona. Terminará sintiéndose tan atrapado por el amor y la urgencia de presencia, como cualquier casado.