Tres prácticas para la armonía en pareja.

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COMUNICACIÓN

Para centrarte, aceptar a tu compañero y sintonizar con él.

De pie, frente a frente, coloca tu palma derecha junto con la palma derecha de tu pareja. A continuación, pon tu mano izquierda en la parte externa de la mano derecha de tu compañero. Cierra los ojos y relaja los hombros. Percibe tu respiración y sé consciente del momento presente.

Deja que la sensación de conexión que ahora sientes en las manos se desplace lentamente hacia los brazos y el resto del cuerpo. Tómate el tiempo que necesites para sentirte centrada y conectada con tu pareja. Abre lentamente los ojos y mira a tu pareja. Sonreís mientras os miráis a los ojos. (Del libro Yoga para dos, de Cain Carroll y Lori Kimata).

INTIMIDAD

Tumbaos en un lugar cómodo sobre vuestros lados izquierdos, juntos y con el de dentro dando la espalda al que está en el exterior (en forma de cuchara). El que está dentro está envuelto por los brazos del que está fuera. A veces el hombre estará dentro envuelto por la mujer, a veces la mujer estará dentro envuelta por los brazos del hombre; el que sienta más necesidad de ser nutrido, el que haya sobrellevado más estrés ese día o el que esté más cansado, deberá estar dentro. Ambos compañeros inspiráis juntos, espiráis juntos, y os mantenéis sin respirar a la vez. (El arte del amor consciente, de Charles y Carolina Muir).

AUTOCONOCIMIENTO

«La sexualidad de una perso¬na refleja los problemas de su alma. Absolutamente todo lo que existe dentro de la psique humana se manifiesta en la experiencia sexual», dicen Eva Pierrakos y Judith Saly en Del miedo al amor.

Por ello la relación sexual se presenta como una oportunidad de sanar nuestras heridas y las de la pareja, reconociéndolas, aceptándolas y transmutándolas, en un ambiente de complicidad y armonía. Requiere que seamos capaces de ver nuestra belleza interna y externa y que nos aceptemos a nosotros mismos. Clarissa Pinkola Estés lo define asi:

«Nos comportamos de acuerdo con nuestra verdadera manera de ser y no nos echamos atrás ni nos escondemos en presencia de nuestra belleza natural. Como las demás criaturas, nos limitamos a existir, y así es como debe ser».

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