Pareja: Cómo lograr una buena comunicación

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Hablar permite escuchar qué le pasa al otro, qué siente, cómo se siente. Incluso después de muchos años de matrimonio puede ser un acto revolucionario, generar todo un descubrimiento, porque la vida no termina al dar el sí o porque los chicos crecieron. Aunque, como dicen los ricuroligüistas, la comunicación no verbal es totalmente significativa, en la intimidad familiar los mensajes viajan cara a cara y se logran transmitir con palabras.

Por eso es importante dar batalla e intentar revertir esa actitud. En ese caso, la mejor estrategia para hablar y no morir en el intento detalla hacerlo con altura, con respeto por la otra persona, por empezar hablando de uno -en vez de señalar y acusar al otro-, por conocer las propias limitaciones y no pedir nada que no estemos dispuestos a dar ni logros que no seamos capaces de conseguir. Menos que menos: imaginar que el otro entenderá lo que deseamos como por arte de la telepatía. Claro: el tango se baila de a dos. ¿Qué pasa cuando uno de los dos miembros de la pareja advierte esta mala praxis y quiere dar un golpe de timón mientras el otro se atrinchera más todavía en su hermetismo?

Es verdad que, generalmente, es la mujer la que más se anima a enfrentar la situación, y respecto a los hombres… sólo aquellos que son más sensibles y reflexivos la admiten. De hecho, la mayoría no entiende por qué sus compañeras pasan horas charlando por teléfono con una amiga (que acaban de ver) al tiempo que pueden pasar horas contándoles a sus parejas sobre el motor de los aviones de la Segunda Guerra Mundial. Pero a la hora de barajar los asuntos que duermen en las almohadas de la cama matrimonial, la mayoría de los varones argumentan no tener tiempo para ciertas cosas, dicen que ir al psicólogo les sale muy caro o, a veces, ni en excusas se detienen y llenan el tiempo con salidas o pasan tantas horas frente a la televisión mirando partidos de fútbol de países remotos que le ganan por penales, a la amenaza de pasar un tiempo ínti¬mo y en soledad.

Pero no todo está perdido: incluso si el viaje se inicia a solas, automáticamente la relación cambia y provoca un terremoto. A cuento de las interpretaciones sexistas, vale citar un refrán que circula por ahí: dice que hombres y mujeres somos biológica, física y culturalmente diferentes. La convivencia no sólo implica un esfuerzo: en realidad, es un milagro.