La culpa: Cuidado con los manipuladores

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El sentimiento de culpabilidad es un motor muy poderoso que nos lleva a realizar determinadas acciones y a someternos a los deseos de otros. Lo han explotado muy bien las religiones, con su concepto de pecado (el pecado original) o falta y la promesa de castigo o premio, y los gobiernos totalitarios.

Pero la manipulación a través del sentimiento de culpabilidad se da también, ¡ampliamente!, en la vida cotidiana. Los padres, sin ir más lejos, amenazan a sus hijos con castigos o chantajes emocionales para conseguir que hagan lo que ellos quieren: «Si te portas así es porque no me quieres», «Luego no llores si te haces daño»…

Es una manera eficaz de tener a los demás controlados cuando no se les puede ver. Si bien la disciplina y los castigos son necesarios durante la infancia, este tipo de sometimiento a la culpabilidad puede llegar a crear problemas psicoógicos permanentes en el adulto cuando se abusa de su utilización.

Y no nos olvidemos de aquellos manipuladores que todos conocemos, que se aprovechan de nuestras debilidades para tenernos sujetos y atados a sus deseos. La estrategia es muy sencilla: consiste en responsabilizar a los demás de cualquier cosa, para luego poder obtener de ellos una reparación.