Cuando la pareja está incomunicada (I)

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“Mejor no le pregunto, ¿para que otra discusión? “Si me acaba de regalar un perfume, ¿qué le va a pasar?». «¡¿Estaré fea?!» «Ya volverá todo a la normalidad». En plena época de la llamada «sociedad de la información», vivimos hipercomunicados. Mejor dicho, rodeados de aparatos listos para tal fin. Sin embargo, para muchas parejas la imposibilidad de hablar de sus sentimientos es el idioma que se maneja puertas adentro, en el hogar. Ni siquiera el lenguaje de señas es el medio para intercambiar información sobre los asuntos importantes, los temas capitales; ya sean cuestiones de Estado dentro de la familia o bien la imposibilidad de decir: «¡Hoy no, por favor! Descansemos, ¡no tengo ganas de ir a almorzar a casa de tu mamá!»…..a cuantos nos ha pasado esto!!!!!

¿La única verdad?

Esta manera de funcionar, de estar sin nombrar con palabras los problemas, es una carta en común entre las muchas parejas que se recuestan a contar sus penas en un diván, según afirman los terapeutas, testigos con pruebas de este comportamiento. Cuando los temas álgidos no se comparten, no se discuten, no se allanan, las interpretaciones van por carriles diferentes. Porque cada uno, en la pareja, graba su versión de los hechos como la única verdad, y cuando inevitablemente, por fin, la bomba explota, confirmar que vieron una película diferente del mismo episodio se convierte en una sensación bastante difícil de digerir. Además, porque como efecto pueden aparecer diagnósticos médicos inesperados. Y porque es, en definitiva, una forma de violencia, sobre todo cuando este rasgo es propio sólo de uno de los integrantes de la pareja: puede ser agobiante el silencio, la falta de palabras que al otro lo confirman no sólo como compañero de ruta, también como persona. La distancia puede ser desesperante, puede generar mucha ansiedad.