Un caso real de infidelidad: «Quiero a dos hombres a la vez»

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Anna conoció a Antonio en la Universidad y empezaron a vivir juntos antes de que acabaran sus respectivas carreras. Tuvieron una hija y Antonio se reveló como un excelente compañero y padre de la niña, dado que él trabajaba desde casa y podía organizar su tiempo según los horarios escolares de la pequeña.

Tras diez años de convivencia, Anna descubre unas clases de judo en su gimnasio que le apasionan. Allí conoce a Joan, con quien comparte el placer de entrenar, combatir (en el cuerpo a cuerpo descubre el placer olvidado del juego) y acercarse al zen. No quiere perder a Antonio, su compañero ideal, ni hacerle sufrir.Tampoco quiere perjudicar a su hija con una posible crisis o ruptura familiar. Ni perder a Joan, que ha aportado risas, juegos, emoción y un apasionante viaje de autoconocimiento a su vida.

La pregunta que se repite continuamente es: ¿Realmente es necesario elegir? ¿Es justo renunciar a algo valioso y raro de conseguir? La infidelidad no siempre es destructiva ni la fidelidad la panacea del amor para toda la vida. Existen fidelidades que llevan a la negación de uno mismo e infidelidades salvadoras.