Temores y conflictos del erotismo

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Uno de los misterios del erotismo es la paradoja que tiene lugar cuando determinadas fantasías «amorales«, «políticamente incorrectas» o incluso delitos en su práctica mundana nos excitan intensamente. Probablemente, nunca llegaremos a convertirlas en realidad, porque nos daría asco, cargo de conciencia o miedo, pero están ahí y son las fantasías que más conflictos nos crean. Lo cierto es que nuestras fantasías no siempre reflejan deseos reales. Algunas veces, incluso, las pensamos en contra de nuestra voluntad e intentamos reprimirlas para sentirnos mejor.

Algo anda un poco mal

Un momento crucial para la culpa es la cama, cuando estamos en plena relación sexual con nuestra pareja. El 25% de los hombres y el 25% por ciento de las mujeres son víctimas de este sentimiento porque creen que tener fantasías durante la relación sexual es inmoral, raro y poco frecuente. Además consideran que esas fantasías son perjudiciales para la relación y la pareja (incluso aunque ésta no sepa nada). Para muchos lo ideal es dejarse llevar por el momento y dejar las fantasías para la soledad.

Yo soy heterosexual, entoces?

Las mujeres hetero tienden a ser más tolerantes que los hombres a la hora de fantasear con el mismo sexo. Ellos se inquietan más cuando piensan en clave gay. Si consideramos la homosexualidad como una enfermedad o una perversión, o una opción de vida inferior, estas fantasías nos atormentan porque creemos que ponen en peligro nuestra heterosexualidad y nos obligan, además, a enfrentarnos con algo que rechazamos.

Me da vergüenza…

El objeto de nuestro deseo nos sorprende con su presencia y empezamos a fantasear, enrojecemos ante su mirada y pensamos con nerviosismo que nuestro cerebro es un libro abierto para los demás. Es un secreto que no queremos compartir y, sin embargo, ahí está, brotando como un manantial de emociones desbordadas en un pensamiento inoportuno.