Separación: ¿Cuál es el mejor camino para empezar de nuevo? (II)

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«Ser sola»

Muchas veces los problemas en la pareja nos van alejando no solamente entre nosotros sino de nosotras mismas, a tal punto que descuidamos aquello que nos gusta o nos hace bien. Separarse puede convertirse en el abismo de encontrarnos frente a una soledad abrumadora, en medio de la cual tendremos que volver a conocernos, a redescubrirnos. La soledad se percibe, por lo general, negativamente. Estar solas, aprender a estar con una misma, es la condición de poder construir una pareja sana, que esté integrada por dos.

¿»Ser sola» es algo que avergüenza?

El tema es que estar sola en cuanto a una pareja, no es lo mismo que «Ser sola». En esa confusión radican muchos de los problemas con los que se enfrenta una mujer que se separa. Puede pensarse que aquella mujer es sola porque es muy exigente o neurótica, o porque seguramente «algo malo debe tener», pero muchas veces se trata de mujeres con un gran recorrido de desarrollo personal que ya no están dispuestas a permanecer en parejas que atenten contra ese crecimiento. Este tipo de mujeres que no son dependientes del otro y pueden elegir estar solas en función de su bienestar.

¿Decisión que siempre carga con el prejuicio social tal vez, por romper con un modelo cultural preestablecido?

El mandato sociocultural promueve la unión de la pareja. Separarse puede generar un gran miedo de perder además de la pareja, el círculo de amistades con quienes se compartían encuentros. Muchas veces sucede que quienes eran nuestros amigos no toleran la decisión que tomamos, y esto se asocia al hecho de romper con los moldes, a enfrentarse con lo distinto. Entran en juego fantasías de que la mujer sola puede traer desarmonía, por el hecho de estar disponible para otro, por dar un ejemplo que asusta a muchos hombres, que hacen creer a sus mujeres que ellas, sin ellos, no podrían vivir.

¿Qué papel juegan las amigas o las demás redes sociales cuando esto pasa?

Es fundamental para la mujer que se separa, poder contar con amigas, con la familia. Contar con un grupo de pertenencia, que la ayude a enfrentar la crisis. Sobre todo para que, el hecho de quedarse sola en cuanto a la pareja, no la lleve al autoaislamiento, a la autodiscriminación; al «autodivorcio», es decir, a dejar de elegirse, de quererse; a creer que si él no desea estar con ella es porque nadie más va a quererla.