
Sentimos miedo al vacío eterno. Creemos que el resto de nuestra vida tan sólo será un cúmulo de tiempo ausente de emociones, pues, al ser abandonados por nuestro amor, hemos dejado de sentir con la intensidad que lo hacíamos antes. Los demás componentes del desengaño amoroso han ido desapareciendo gradualmente, como suele suceder con los toxicómanos que llevan suficiente tiempo de abstinencia. Revivimos recuerdos de un pasado feliz. En determinados momentos, tal vez una música, un lugar, un olor, nos reavivarán el recuerdo de la persona amada.