Mitos sobre el climax en la mujer (II)

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«El mejor orgasmo es cuando ambos miembros de la pareja lo alcanzan simultáneamente».

No es verdad. Además de ser muy difícil, por la diferencia de tiempos de excitación entre la mujer y el varón, lo cierto es que la actitud solidaria y de buen compañerismo que implica procurar el placer del otro, produce un estímulo extra en todo el aparato psíquico de cada uno, lo cual conduce a una satisfacción final más plena en cada uno, a su tumo.

«El varón tiene que saber cómo proveerle un orgasmo a una mujer».

No es un concepto absoluto. Una mujer debería conocer su cuerpo y transmitirle a la pareja sus gustos y necesidades. Los hombres no pueden adivinar lo que pasa con cada mujer, porque cada una es diferente. Aunque ellos deberían informarse acerca de la respuesta sexual femenina.

«Tener orgasmos durante el embarazo puede provocar un aborto»

No es verdad. Durante el transcurso del embarazo normal, las relaciones sexuales son algo natural y saludable. Si hubiera una placenta previa u otro problema que pusiera en riesgo la gestación, el médico indica la abstención de las relaciones o da consejos para no comprometer el embarazo.

«Sin orgasmo la mujer no puede disfrutar».

No es verdad. Las mujeres disfrutan mucho del cortejo, de los juegos sensoriales, del intercambio amoroso con su pareja, cuanto más prolongado y creativo, mejor. Muchas mujeres refieren disfrutar más de un juego prolongado que de un orgasmo fugaz, aunque en una mujer con una función sexual normal, lo prime¬ro desemboca en orgasmos más intensos y prolongados.

«Muy pocas mujeres son multiorgásmicas».

No es verdad. La mayoría de las mujeres tienen la capacidad neurovascular y muscular para tener orgasmos múltiples, esto depende principalmente de la mujer, de la información y buena disposición del varón y de la sintonía y buena comunicación que logre tener la pareja.

«Si la mujer no tiene orgasmos, debe fingir para que su pareja no se resienta».

Absolutamente no. Si no hay orgasmos, ambos deben ayudarse para mejorar la relación a través de información científica correcta o realizar una consulta de orientación con un/a sexólogo/a clínico/a.