¿Mamás, esposas o amantes? ¿Cuál es tu papel?

Si alguien nos hiciera el gran favor de dar un pitazo y mostrarnos una tarjeta roja para indicarnos cuando nos hemos salido de los límites que nos corresponden, seguramente nos ahorraríamos muchos de los problemas que se presentan en la vida conyugal. Pero, lamentablemente, no es así y de esto solemos darnos cuenta cuando ya estamos en el consultorio del terapeuta o en medio de una crisis de pareja.

Mujeres que se convierten en madres de sus maridos, hombres que delegan su responsabilidad de cabezas de familia, esposas que se limitan a ser administradoras del hogar y parejas que terminan tratándose como hermanos, suelen ser figuras que surgen con demasiada frecuencia al analizar cómo vivimos nuestras relaciones más cercanas. Ineludiblemente aparece una constante fuente de conflictos: la falta de definición en lo que se refiere a los papeles que cada uno debe desempeñar cuando se tiene un proyecto de familia.

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¿Mamá, esposa o amante?

Mara no lo había entendido así y con el paso del tiempo no supo ser madre y compañera de su pareja a la vez: «En mi afán por ser una mamá perfecta, cuando nació mi bebé me sumergí en el papel. De pronto, me sorprendí protestando, cuidando y educando ¡también a mi esposo! Mi apariencia física había cambiado, me vestía en función de estar cómoda para poder atenderlos-, hasta mis intereses y temas de conversación eran absolutamente maternales». Ni cuenta se dio cuando la relación apasionada con Patricio se había terminado.

Esto sucede con frecuencia. Al cambiar de novia y amante a madre o esposa, muchas mujeres tienden a encasillarse en sus nuevos roles y no comprenden que éstos sólo representan una faceta más que sumar a sus múltiples dimensiones de género. La psicoanalista Shinoda Bolen ha realizado un importante trabajo en el que muestra que las mujeres tienen varias capacidades arquetípicas que necesitan desarrollar para poder sentirse en plenitud. Estas capacidades están representadas por la nena, la esposa, la madre, la guerrera, la intelectual, la espiritual y la amante. Así las mujeres no tienen limitado su campo de acción, sino al contario.

Cuando deciden vivir en pareja se amplían sus posibilidades. No obstante, es común oír: «Ya te casaste, deberías comportarte como una señora» o «Ahora deberías ser madre por encima de todo». Estos mensajes tienen un gran peso y penetran profundamente en nuestro interior. Por eso, muchas mujeres se vuelcan únicamente a sus hijos o al cuidado de su hogar y terminan perdiendo el equilibrio. Y es que si bien son importantes y muy satisfactorios estos dos espacios, centrarse solamente ahí las hace olvidar que también pueden ser juguetonas, seductoras y coquetas o guerreras, espirituales e intelectuales. Luego de esta reflexión, Mara aprendió a dejar a la madre junto a la cuna, para reconvertirse en la amante entregada, apasionada y seductora que tanto extrañaba su marido.